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Denisse Gosterburger, de Los Brasileiros, llamó la atención por su buen ritmo y colorido traje. Abelardo FONSECA / Al Día
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Tibio carnaval
Desfile limonense tuvo de todo: un chupacabras, comparsas coloridas, niños con mensajes y mucha agua
Isaac LOBO / Al Día
Quizá porque el sol nunca salió con todo su esplendor, el carnaval limonense que se realizó ayer en la tarde no calentó mucho.
Los asistentes le impusieron ritmo y sabor, pero la lluvia y los espacios entre carroza, comparsa y carroza hicieron que la fiesta no fuera tan brillante como otros años.
El carnaval se inició a las 12:30 p.m. y convocó a buena cantidad de público. En Limón, todo el mundo dio su aporte, desde los más grandes hasta los más pequeños.
Los niños desfilaron y dieron su mensaje, como los pequeños de la escuela Baldomero Vargas, quienes apoyaron la iniciativa del rescate de las tradiciones y se vistieron con trajes africanos.
Comparsas de sabor
Las comparsas de Limón fueron las mejores, pues a las provenientes del resto del país les faltó un poco de brillo, gente y ánimo.
La de Bluefields, Nicaragua, quedó muy en alto y representó muy bien su zona, con bailes distintos a los nuestros como el tradicional palo de mayo.
Una a una, las comparsas de esta provincia aportaron lo suyo. Por ejemplo, Los Indios de Cieneguita se robaron el espectáculo, con bailes diferentes, vestimentas no tradicionales y una energía que sorprendió a todos. Bien hecho, el carnaval es para pasarla bien y ellos supieron cómo hacerlo y transmitirlo a la gente.
Los Espectaculares dieron un ejemplo de renovación, con un desfile generacional en el cual participaron desde los pequeños de tres años, hasta los más adultos.
Antes de las comprasas, un monstruo que ya pasa a ser una leyenda urbana, asustó a los niños e hizo reír a la gente: el famoso chupacabras salía de un escondite rodante, para tratar de comerse a una chivita que huía junto con su amo.
Todo el mundo esperaba la aparición de Los Brasileiros, pues negar su popularidad es como tapar el sol con un dedo. Pero apenas sonó el primer golpe de tambor de esta comparsa, como tonada mística, la lluvia empezó a caer a las 3:30 p.m. Entonces las plumas se mojaron, el papel de los sombreros se desplomó y el desfile se convirtió en una carrera, pero para buscar refugio.
A muchos esto no les importó y siguieron bailando. Los amigos hicieron sus barras, unos de Limón, otros de más lejos. “Llegamos en pelota desde Heredia y no hemos dormido nada, por dicha el ambiente está fresquito”, afirmó Yenory Ocampo, quien lucía su cabello rubio todo empapado.
La lluvia dejó de caer a las 5:45 p.m. Para entonces, la fiesta seguía en los chinamos.
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Los Indios de Cieneguita se robaron el espectáculo, con bailes y vestimentas diferentes y una energía que sorprendió a todos.
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Delicia
gigante
Desde temprano, el ambiente del Bulevar de Limón olía riquísimo, pues tres chef (Iván Segura, José Luis Rivera y Marcos Shedden) preparaban un “Rice and beans” gigante, para 2.500 personas.
La finalidad de esta magna obra culinaria fue recaudar fondos para la Asociación de Damas Amigas del Niño, que atiende a los pequeños de la calle.
Cada platillo costó ¢500 e hizo que se formara una larga fila de personas para probarlo.
Si usted quiere intentarlo en su casa, aquí le damos la receta, facilitada por los chef. Necesitaría una olla de casi dos metros de diámetro para cocinar los 92 kilos de arroz, 46 de frijoles, siete pichingas de agua, tres galones de aceite, tres de aceite de coco, 10 kilos de sal y un cuarto de kilo de pimienta y tomillo.
La preparación del platillo fue organizada por Arroz Imperio.
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